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El guerrero no quiere descansar

Cuando habla de la vivienda, quienes lo conocen, saben que lo dice con propiedad, porque cuando ocurrió el desalojo del barrio Lavardén, llevado adelante por un deleznable sujeto, defendió a capa y espada a los desalojados y puso la cara para pedir clemencia y dio soluciones a los desplazados por el abogado.
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‘Calucho’ dice querer morir trabajando antes que retirarse de la política. Quiere hacer cierto aquella ley ancestral en que los ancianos gobiernan la tribu y los más jóvenes aprenden de la experiencia de quien los antecedió en la vida. Se dice que los años vuelven conservadores a las personas pero en este caso, sus ideas son novedosas en cuanto no han sido tomadas por otros candidatos, tanto de su partido, como los de la oposición.

Hijo del ex gobernador Enrique Tomás, pocos recuerdan que éste fue el impulsor de la Ciudad Satélite “La Bianca” y que el modelo de departamentos con ladrillo enrasado fue su marca registrada en toda la provincia. Don Enrique se preocupó de la vivienda, como el lugar indispensable de cada familia y no fue un discurso de campaña política, sino una contundente acción de gobierno.

Don Enrique se dedicó a la industrialización y comercialización de productos agrícolas, concentrándose en la organización de cooperativas de productores. Creó la Cooperativa de Arroceros y luego la Cooperativa de Olivicultores y Citricultores de Concordia. Participó en la creación de la Asociación de Citricultores y de la Junta Provincial de la Citricultura, e impulsó la creación de la Fiesta Nacional de la Citricultura. Se dedicó también a la producción de miel y de aceite de oliva, entre varios otros emprendimientos.

Juan Carlos, recogió del “viejo” Cresto esas ideas desarrollistas que ya había traído su abuelo inmigrante con su cerámica en el barrio al sur del Tiro Federal, al lado del río Uruguay, llevadas al ámbito público, puso en marcha la idea de su padre del derecho constitucional a la vivienda digna y armó el barrio Villa Gobernador Cresto, en homenaje a su padre y en el que, el mismo lo dice ahora a los cuatro vientos, nadie quería ir a vivir porque no había un árbol, una calle, agua potable, ni plaza alguna, soledad pura y mortificante. Sin embargo, años más tarde, ese panorama cambió y hoy ese barrio se integró al resto de la ciudad y cuenta con todos los servicios y los habitantes están felices.

Hay que replicar eso, crear nuevos barrios, dar al trabajador la posibilidad de acceder a su terreno propio, fomentar la autoconstrucción, dar materiales a la gente para que construya su casita y adelanta su idea de un gran mercado concentrador ubicado frente al Parque Industrial que provea de frutas y verduras a una gran parte de la Mesopotamia argentina, desde Concordia, señala con vehemencia “Calucho”, entre otras ideas fuerza que sostiene y que sería largo reproducir aquí.

Cuando habla de la vivienda, quienes lo conocen, saben que lo dice con propiedad, porque cuando ocurrió el desalojo del barrio Lavardén, llevado adelante por un deleznable sujeto, defendió a capa y espada a los desalojados y puso la cara para pedir clemencia y dio soluciones a los desplazados por el abogado.

Hoy, viene a someterse a la voluntad popular, ofreciéndose a dar un último servicio público a su pueblo: Concordia y dice que quiere morir con las botas puestas en el timón de la ciudad; el pueblo peronista decidirá en primera instancia si quiere darle la posibilidad de enfrentarse con la oposición para dirimir quién gobernará Concordia los próximos años y eso es la Democracia.

Fuente: Diario El Sol

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