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Los argentinos están endeudado y gran parte lo hizo para comer

“Se sigue viendo desde hace tiempo que están los que sacan préstamos para pagar otras deudas que tienen, pero lo que más se nota en la actualidad es que los créditos que piden son sobre todo para comprar alimentos.
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La fuerte pérdida del poder adquisitivo frente a la inflación se profundizó en los últimos meses y cada vez a más gente le cuesta más llegar a fin de mes. En este contexto, el nivel de endeudamiento fue en ascenso en numerosos hogares del país, ya sea a través de tarjetas de crédito o de préstamos, no sólo en el sistema bancario o en financieras, sino en el circuito informal, pese a los recargos o el interés que terminan incrementando notablemente el importe final a pagar.

En medio de este complejo panorama económico, un relevamiento de la consultora de Focus Market sostiene que 8 de cada 10 hogares mantienen deudas no bancarias, las cuales pueden ser con prestamistas, comercio, servicios, impuestos, entre otros; mientras que 4 de cada 10 hogares tienen préstamos bancarios, cuyos costos también se tornaron altísimo, con tasas anuales que van del 280% al 360%. En tanto, un informe de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), señala que el 64% de los hogares de Argentina se financiaron para comprar alimentos y medicamentos.

Manuel Quintana, presidente de una mutual con sede en Paraná, analizó esta situación y explicó a UNO lo que ocurre a nivel local: “Mientras antes el destino de los préstamos era para pintar la casa, cambiar el auto o mejorar algún aspecto de su vida, hoy la gente en general pide plata prestada para comer”.

También mencionó: “Se sigue viendo desde hace tiempo que están los que sacan préstamos para pagar otras deudas que tienen, pero lo que más se nota en la actualidad es que los créditos que piden son sobre todo para comprar alimentos. Esto se genera por esta inflación que tenemos”.

Por otra parte, observó: “Lo que se advierte además es que hay más gente que se ha endeudado en lugares que no son los bancos. Hay un sector de la población directamente expulsado por los bancos por no tener capacidad crediticia en el sistema financiero formal. Esas personas terminan recurriendo a otro tipo de préstamos, como los que ofrecen las cooperativas, las mutuales y en el peor de los casos, los prestamistas informales”. Sobre este punto, precisó: “La gente no evalúa las consecuencias de ir a un lugar desconocido, porque muchas veces la desesperación la supera. Por ahí vienen y les salta una deuda y cuando les preguntamos dónde sacó el préstamo, dicen que no saben”.

Falta educación financiera

Si bien hay un límite al sacar un préstamo, determinado por la capacidad crediticia de cada persona, Manuel Quintana comentó que en general los montos que otorgan en la mutual que preside van entre los 10.000 y los 25.000 pesos, y contó: “Antes teníamos seis cuotas, pero ahora el plazo para devolver el crédito son cinco meses. Sin embargo el promedio lo hace en cuatro cuotas. Hay mucha gente que si fuera por ella, estaría todo el tiempo sacando dinero, porque no alcanza”.

A su vez, subrayó: “Casi nadie mira las tasas, la mayoría se fija en la cantidad y el importe de las cuotas. Esa es una característica que se da desde hace mucho tiempo, porque falta educación financiera”.

En torno a esta cuestión, Alfredo Calabrese, contador público nacional y vicepresidente de la Bolsa de Comercio de Entre Ríos, explicó: “Se pueden observar dos cuestiones significativas: una es que en el sistema educativo que tenemos en el país no está incorporado el concepto de educación financiera, no está en ninguno de los planes de estudio; solo se dan cuestiones teóricas que no ayudan a tomar decisiones. Y el otro tema es que tampoco esto está instalado en nuestra cultura, no somos una sociedad que tengamos mucha cultura de lo financiero, y en general sobre esto no hay capacitaciones y a mucha gente no le interesa demasiado”.

“Soy un convencido de que uno los grandes problemas del subdesarrollo que tenemos en Latinoamérica está originado en la falta de educación financiera y sobre la potencialidad que la finanza origina o genera en todos los sistemas productivos, porque no son cosas que se contraponen sino que se complementan. Y que bien complementadas generan círculos virtuosos”, añadió.

Sobre el endeudamiento en particular, opinó: “En términos macroeconómicos, lamentablemente todos los últimos gobiernos que hemos tenido en este país impulsan y promocionan el consumo. Hay como una exacerbación del consumo y además hay una confusión entre consumo e inversión: hay gente que cree que comprando bienes durables, como un televisor o hacerse un quincho en la casa, se está invirtiendo, y no es así, solo es un consumo diferente”.

Acto seguido, explicó: “El financiamiento no es bueno ni malo, depende de a qué se lo destina y como se lo estructura. Por ejemplo, si alguien se endeudó porque se compró un camión y lo hace trabajar, no es malo; hay un buen destino y una buena estructuración. Ahora, si uno se endeuda porque va al supermercado y usa la tarjeta de crédito para comer porque no le alcanza el dinero, ahí se genera un problema”.

“No hablamos de lo que está pasando con mucha gente de clase media para arriba, que a gran parte de los consumos los pasó a la tarjeta para cubrirse de la inflación, sino de algo estructural. En este contexto hay personas que se endeudan en sistemas no bancarios, que son carísimos, y muchas veces terminan devolviendo el doble, pero es a lo que tienen acceso en ese momento para pagar la boleta de luz y que no le corten el servicio”, concluyó sobre un problema que se agrava y ante el cual muchos no encuentran una salida.

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